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Haz patria, mata a un panista
Ana María Schwarz

“Haz patria, mata a un panista” es una frase impresa en una calcomanía, adherida a un automóvil que circulaba tranquilamente por céntricas calles de la Colonia Roma en el Distrito Federal, dejando a su paso, un mensaje terriblemente desafiante: la violencia es la única respuesta de los inconformes.

La ciudad de México, territorio perredista por excelencia, muestra así una de sus muchas manifestaciones de los ánimos desbordantes y las pasiones irracionales de algunos de sus ciudadanos, causa y efecto de la actitud irresponsable de Andrés Manuel López Obrador.

¿A qué extremos estamos llegando?

¿No creen que sea la hora de comprometernos con la paz?


De forma poco natural, los mexicanos vivimos hoy una dañina confrontación entre lo que sentimos y lo que pensamos, lo que aceptamos y lo que rechazamos; lo que para cada uno es justo o legal, y lo que nos parece anárquico y fuera de control; y digo “poco natural”, porque lo que si deberíamos estar haciendo como Nación, es pensar en la forma de mantener y conservar, lo que hasta hoy y con un gran esfuerzo, hemos logrado avanzar en cuanto a vivir y consolidar nuestra democracia.

Salta a la vista, cuál es esa causa que nos impide actuar con sensatez, ese elemento que limita a los mexicanos para comunicarnos unos con otros, pacíficamente, para encontrar un solución razonable, aceptada y avalada por todos los ciudadanos; me estoy refiriendo las diferencias abismales e irreconciliables que existen (hasta hoy) entre los mismos mexicanos, diferencias que impiden que uno u otro grupo, unos u otros sectores, se comprendan, se acepten, y se valoren entre si.

Me inclino a pensar que quienes estamos a favor de la paz y el respeto a la legalidad y nunca incurriríamos en actitudes hostiles y peligrosas, tenemos el compromiso de entender el terrible odio que un gran número de mexicanos resentidos y faltos de objetividad, sienten por todo aquello, y contra todos aquellos, a quienes les ha tocado vivir una vida diferente a la suya propia.

Para más de la mitad de los mexicanos, una prioridad indiscutible es la necesidad de ceñirnos a un orden legal que consideramos esencial para avanzar y encontrar mayor progreso para México. Un orden al que aspiramos desde hace muchas décadas, un orden que es tan indispensable, como indispensable es nuestra mismísima libertad personal y nacional.

Sin embargo, la otra "mitad" de los mexicanos, parecieran inclinarse más hacia el caos, al uso de la fuerza y la anarquía. Pareciera que su visión es destruir, para luego "construir" de acuerdo a su propio proyecto, sin percibir que su solución puede ser más dañina e inequtativa que el mismísimo problema de origen.

El fallo que finalmente el Tribunal nos dará a principios de septiembre y que establecerá sin ninguna duda quien debe ser el próximo presidente de México, terminará con la incertidumbre y nos dará la certeza necesaria para concluir este proceso electoral; pero también, esta misma decisión, nos debe comprometer a todos a favor de lo que más conviene a México, que es el vivir en paz social.

Este desgastante episodio de nuestra historia democrática, deberá servir para dejar en claro que del día 2 de julio en adelante, en este país, cada presidente y cada gobernante electo, cada congreso y cada servidor público en funciones, tendrán que buscar y encontrar el verdadero entendimiento entre partidos, entre grupos, entre sectores, entre generaciones, entre el norte y el sur, entre unas ideas y otras, entre todos los mexicanos sin ninguna excepción.

Si el entendimiento es la virtud que permite a los seres humanos concebir las cosas, compararlas y juzgarlas, utilizando la inteligencia y el sentido común; entonces, cada político mexicano deberá tener como obligación, entender los hechos sociales y encontrar las soluciones a nuestros problemas.

Pero también los ciudadanos debimos haber aprendido y entendido algunas o muchas lecciones en esta singular elección. Lo primero, asumir el compromiso de conocer y profundizar en las razones y en el origen de este odio, justificado o injustificado, pero muy real, que un gran número de mexicanos resentidos sienten por quienes son y viven diferente a ellos mismos.

Lo segundo, entender el significado de Patria, como la tierra natal o adoptiva, ordenada como Nación, a la que te sientes ligado como ser humano por vínculos jurídicos, históricos y sobre todo, afectivos, para nunca más vernos, ni actuar, como enemigos.

“Haz patria, mata a un panista” promueve la intolerancia y la no democracia; va en contra de la legitimidad y el orden generoso al que todos aspiramos.


“Haz patria, mata a un panista” significa el poco deseo que tiene López Obrador de ser un líder comprometido con su pueblo, con sus pobres. Significa, su poco interés en lograr el entendimiento, el razonamiento y la cordura; cordura que le sería de gran utilidad si realmente deseara continuar en una lucha política seria y responsable, una lucha que nos lleve hacia el progreso, progreso que México y los mexicanos nos merecemos.

 

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