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Mujer y Familia

En Paris, la Virgen María festeja su santo en el Sena.
Lucero Velasco Barrera

Más de cinco mil personas iluminaron con la llama de sus velas, el río Sena de Paris. Con motivo de la celebración de la Asunción de la Virgen María, miles de parisinos y fieles de otras regiones de Francia y del mundo, se reunieron en la Catedral de Nuestra Señora de Paris, la víspera del 15 de agosto, día de la Asunción, para participar de la celebración de la eucaristía y acompañar a la Virgen en una peregrinación fluvial por el Sena.

Entre cantos y oraciones, los fieles subieron a los barcos, que habitualmente ofrecen un fascinante recorrido turístico a lo largo de uno de los tesoros parisinos, el río Sena, para participar en la “Peregrinación Fluvial”, que organiza el arzobispado de Paris desde hace tres años.
Los organizadores esperaban unas cuatro mil personas, sin embargo, el número de participantes fue mucho mayor, lo cual retrasó el inicio del rezo del Santo Rosario. Monseñor André Vingt trois Arzobispo de Paris, fue el encargado de dar la bienvenida y explicar el sentido de la peregrinación.

Durante sus palabras, Monsenor Michel Pollien, obispo auxiliar de Paris, quien revalorizó la importancia del rezo del Rosario, oración a la Virgen, sobre todo tras la encíclica de Juan Pablo II Ecclesia de Eucharistia, donde justamente instituye los Misterios Luminosos, en los cuales se meditó durante la peregrinación. Así mismo, exaltó la importancia de las manifestaciones religiosas fuera de los muros de la Iglesia, a fin de llevar a Cristo a todos aquellos alejados del Evangelio.

Describió a la Iglesia como una institución que no deja de acompañar, guiar, sanar e involucrar, a sus files, a los cuales invitó a anunciar el Evangelio a partir de las palabras y los actos. La Iglesia, dijo, es el lugar de celebración de la Eucaristía; y es en la Eucaristía donde los cristianos encuentran la fuerza para comunicar el Evangelio.

Entre otras intenciones, los fieles rezaron por Su Santidad Benedicto XVI, por las personas que sufren, por aquellos que se preparan para morir, y en especial por las vocaciones sacerdotales.
De este modo Paris, capital de la bien identificada como laica República Francesa, acogió con agrado la hermosa celebración a la Virgen María. Desde las orillas del río Sena y sobre los puentes, curiosos y turistas, saludaban a los peregrinos, quienes con sus velas encendidas, sus oraciones y sus cantos, empezaban ya a comunicar, de esta manera, el evangelio.

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