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Mujer y Familia

Ni ser más ni ser menos: la solución se llama ”feminizar el mundo”.
Marosa Montañés Duato . mujernueva.com

Las crisis en el mundo de las ideas se superan por elevación, no por disminución y es así cómo debemos enfocar algunos interrogantes planteados por la ideología relativista y destructora de la identidad de la persona humana, que pretende totalizar la sociedad española: ¿la mujer es más o menos que el hombre?… ¿es un plus en la vida de la sociedad o esencial e insustituible en la historia de la humanidad?… ¿la identidad de la mujer pasa por modelos masculinos o debe buscar otros senderos para llegar a ser ella misma?

La lista puede llegar a ser exhaustiva y hay que nuclearizar el fondo de la cuestión: la mujer posee la misma dignidad del varón pero diferente identidad. De aquí derivan algunas verdades: el auténtico feminismo se llama “igualdad de derechos y oportunidades y complementariedad en sus funciones”; el hombre y la mujer se perfeccionan mutuamente pero no se identifican porque son diferentes en su personalidad, en su genética, en su psicología, en su inteligencia y en su afectividad; para que un recién nacido llegue a desarrollar su personalidad – es decir, su capacidad de ser persona-, necesita de un padre y una madre que le aportarán sus peculiaridades personales, diversas y complementarias, por lo que no tiene sentido hablar de “progenitor A y B”; sólo son idénticos la mujer y el hombre en su responsabilidad, pero cada uno la ejercerá de manera diferente .

“Mujer sé tu misma”; éste puede ser un buen consejo y para ello, algunas pautas vitales: si vivir consiste en “pensar o saber, querer y hacer”, quizá hay que aprender a ser lo que uno debe ser, hay que querer hacerlo sin temor ni titubeos, y hay tener un norte claro para que el “quehacer de la mujer” no sucumba ante interferencias, desorientaciones u obstáculos externos. Entre éstos quizá uno destaca sobre los demás: durante siglos, en algunas sociedades, a la mujer le ha correspondido ocupar un lugar circunscrito al trabajo del hogar y a la educación de los hijos, pero ésta realidad no pertenece a la identidad femenina, sino a un modelo cultural que se ha transmitido de generación en generación; y quizá ha llegado la hora en la que el hombre y la sociedad acepten un cambio de mentalidad por el que el trabajo del hogar y la educación de los hijos corresponda tanto al hombre como a la mujer porque ambos son necesarios a los hijos y ambos trabajen fuera del hogar. Este reparto de funciones, - el hombre en el trabajo y la mujer en el hogar-, no afecta al núcleo masculino o femenino, por lo que puede cambiar. Si ese momento no tarda en llegar, veremos cómo el hombre aporta lo mejor de sí mismo – y no se limita sólo a trabajar y ganar dinero-, y la mujer accederá a puestos de responsabilidad sin descuidar a su familia o a su hogar; la verdad es que todo ser humano puede dar más de lo que da si se lo propone porque somos un pozo sin fondo de oportunidades insospechadas. Y cuando se logre esta aventura - hoy por hoy utópica - con buen final, el mundo se convertirá en una familia porque la mujer habrá” feminizado” un poco más la humanidad.

 

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