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Justicia Social

Subsidiariedad y la responsabilidad social
Rev. Gerald Zandstra

Por Rev. Gerald Zandstra
Director de Programas
Instituto Acton Para el estudio de la Religion y la Libertad
Los políticos, sociólogos, teólogos y todos en general están de acuerdo en que algo debe hacerse para socorrer a los pobres. No he conocido hasta hoy alguna posición que sostenga que no se debería ayudarlos a satisfacer sus necesidades elementales. Con frecuencia el debate se lleva a cabo como si existieran únicamente dos bandos - aquéllos que desean hacer algo para ayudar a los pobres y aquéllos que no, lo cual es, obviamente, una distinción falaz.

El verdadero debate acerca del estado de bienestar y su posible reforma debe centrarse en la pregunta “¿Cómo debemos ayudar a los pobres?” o, más precisamente, “¿Quién debería ayudarlos?”.
Existen varias opciones. Aquellos que propugnan una grande injerencia del estado de bienestar asumen lo que usualmente denominan tesis del Estado Visible (Bold State). El estado, en sus mentes, debe continuar expandiendo su influencia en la sociedad. El gobierno no existe solamente para exigir el cumplimiento de los contratos y garantizar el respeto de los derechos, también debe buscar el mejoramiento de la sociedad. En este orden de ideas, el gobierno debe recaudar dinero a través de los impuestos, distribuirlo y también implementar programas. El problema del Estado Visibleen su asistencia del pobre es que tiende a promover la mediocridad en los puestos de trabajo, merma la iniciativa privada, suprime la responsabilidad individual y la caridad. Y no conoce límites. Al final, degenera en un sistema que no puede autosostenerse.

En el extremo opuesto del espectro político se encuentran los que sostienen la tesis del “No Estado”. Postulan el rol estrictamente limitado del gobierno en el entendido que el libre mercado proveerá lo que la sociedad necesita. De acuerdo con su ideario, el gobierno debe, en primer lugar, trabajar para mantener abiertos los mercados y hacer poco más. Los problemas del No Estado radican en que existe un miedo legítimo de que algunos caigan bajo las ruedas del mercado. Quizás a muchos les otorgará trabajo y oportunidades, pero nadie podría sostener que el mercado resolverá todos los problemas. Como dijo Jesús “Siempre tendrás pobres a tu lado”.
Sin embargo, existe un camino intermedio. En la Teología Católica, se le denomina “Principio de Subsidiariedad”. En la Teología Protestante, se le conoce como “Esfera de Soberanía”, término utilizado por el político y teólogo danés Abraham Kuyper. En términos generales, la idea radica en que resulta moralmente peligroso adueñarse de la autoridad y responsabilidad que pertenece a un individuo y asignársela a un grupo. Asimismo, es moralmente incorrecto tomar la autoridad y responsabilidad que pertenece a un grupo pequeño para entregársela a un grupo mayor.
Con la finalidad de poner en práctica este concepto, en lo que respecta a la atención de los pobres, debemos decir que la unidad más pequeña posible debe mantener la autoridad y responsabilidad para socorrer las necesidades de los pobres. Este punto de vista se aleja de la tesis del Estado visible que traslada la responsabilidad de los pobres al estado sin considerar a otros grupos más pequeños que deberían otorgarles amparo. Pero se aleja también de la tesis del No Estado que propugna la nula injerencia de aquél.

Pongámoslo en términos prácticos. Si soy pobre, ¿a quién debería buscar para que me ayude? Yo diría que la primera persona responsable por mí soy yo mismo. La teología cristiana enseña que a pesar de nuestra naturaleza fallida, aún somos criaturas hechas a la imagen y semejanza de Dios. Mantenemos cierta creatividad, razón y habilidad, a pesar de nuestras imperfecciones. Si me falta capacidad física o mental para velar por mí mismo, entonces debo mirar más allá de mi mismo. Pero no es lo que ocurre con la mayoría de personas que se refugian en el estado para aplacar sus urgencias.

Pero si, por una u otra razón, no soy capaz de aliviar mis necesidades, ¿debo dirigir mi mirada hacia el estado? El principio de subsidiariedad y esfera de soberanía sostendría que el grupo más pequeño posible deberá hacerse cargo de mis necesidades. En la mayoría de los casos, esta responsabilidad deberá permanecer en mi familia. A lo largo de la historia de la humanidad, la familia ha sido el lugar donde se satisfacen la mayor parte de las necesidades. El bienestar empieza aquí. Si mi hermano es pobre, no me atrevería a pensar que el gobierno debiera cuidarlo sin que me ataña a mí responsabilidad alguna.

Si mi familia no tiene los medios para paliar mis necesidades, el próximo círculo deben ser mis amigos o mi iglesia. Muchas iglesias han abdicado de su responsabilidad de brindar ayuda a los pobres en favor del estado. En medio del debate suscitado en 1996 acerca de la reforma del bienestar en los Estados Unidos, los medios de comunicación preguntaron a un miembro del clero acerca de su reacción frente a aquellos que propugnan un papel más reducido del gobierno y una injerencia mayor de las iglesias en el cuidado de los pobres. Su respuesta fue “¿Por qué deberíamos hacer el trabajo del gobierno?”. Qué comentario tan triste y a la vez revelador.

Por último, si todos los grupos y organizaciones fracasan, recién entonces el estado deberá proveer algún grado de seguridad para aquellos que no reciben ayuda de nadie más. En tiempos de crisis, el gobierno deberá desarrollar un papel más activo, pero los políticos deberán tener presente que incluso aquí, su papel es sólo temporal. La pregunta no es “¿Qué PUEDE hacer el gobierno?” La pregunta más apropiada es “Qué DEBERIA hacer el gobierno?” La respuesta es que el gobierno no debería hacer aquello que nosotros podemos hacer en nosotros mismos, en nuestras familias, en nuestras iglesias y en nuestras comunidades.

Cuando el principio de subsidiariedad o esfera de soberanía se pierde en una sociedad, dejamos de asumir la responsabilidad de nosotros mismos. Dejamos de ver nuestra responsabilidad en nuestras familias, nuestras iglesias, y nuestras comunidades. La iglesia no cumple con el llamado a dar alimento al hambriento y ropa al desnudo. Y somos menos que aquello para lo cual Dios nos creó.

*Traducción a cargo de Jorge Luis Hernández Chanduví,
miembro del Consejo de Redacción de Acrata.

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