Seguridad y Justicia
Unificar policías federales: solución o debilidad
Salvador Reding

Dentro de las campañas a la presidencia de la república, de nuevo se presenta la propuesta de unificar las policías federales en una sola. La idea no es nueva, y ya había sido presentada por el presidente Fox. Esta propuesta no es recomendable, considerando la experiencia y práctica de otros países, especialmente en los más desarrollados.

Con tantas policías especializadas en el ámbito federal, más las estatales y municipales, que a veces se empalman, o dejan vacíos en la lucha contra la delincuencia, la idea de tener una sola policía, al menos federal, parece muy atractiva, pero no necesariamente lleva a mayor eficiencia y control. Veamos por qué.

Acumulación de poder y naturaleza humana

El Secretario al mando de una sola policía federal y su equipo ejecutivo, tendrían a sus órdenes un enorme poder armado, que si está adecuadamente equipado y capacitado, podría convertirse en un centro de poder capaz de enfrentarse a quien sea, incluyendo a las fuerza armadas. No es bueno, con la naturaleza humana acumulando poder, correr ese riesgo, y ese caso ya se ha dado en otras naciones.

La humanidad ha aprendido a equilibrar el uso del poder, no sólo entre ejecutivo, legislativo y judicial, sino con organismos descentralizados, autónomos y ciudadanizados, que no quedan bajo el control del Ejecutivo. Una gran burocracia con enormes caudales de información sobre hechos y personas (físicas y morales) puede convertirse en un coto de gran poder, que puede ser mal usado, a juicio y/o beneficio de quienes ejerzan su mando. También hay experiencia al respecto.

Aplicando la vieja conseja “piensa mal y acertarás”, ante la concentración de poder (sobre todo armado e informado), ésta debe pensarse a la defensiva: cómo evitar su abuso. Las formas en que una superorganización policial puede malusar su poder son muchas, desde favorecer personas, chantajear a otras, inclinar las investigaciones y acciones de fuerza pública en beneficio de grupos de poder, hasta desobedecer al Poder Ejecutivo del que forma parte.

Operando en paralelo

En su momento, dijo el Presidente Fox que la Policía Federal fusionaría la Agencia Federal de Investigación (AFI) y la Policía Federal Preventiva (PFP); para evitar la dispersión, la duplicidad y la desarticulación prevalecientes en los cuerpos de seguridad pública. Sin embargo, tratándose de investigación en cualquier campo del conocimiento o actuar humano, la duplicidad puede ser benéfica, pues amplía el horizonte con diferentes métodos y enfoques.

La desarticulación actual no necesariamente se solucionaría por unir ambas policías; puede hacerse el mismo esfuerzo para articular la seguridad pública tal como está organizada ahora. Esto ya es válido para otras funciones del Ejecutivo. Un ejemplo son las funciones de promoción económica y control monetario, íntimamente ligadas, y sin embargo realizadas en las Secretarías de Economía y Hacienda y en el Banco de México.

Especialización operativa

En todo caso, la prevención del delito y la investigación y persecución del mismo, deberán estar separadas, en paralelo (aún bajo un solo mando), pues siendo actividades complementarias, son diferentes en métodos, misión y objetivos y no necesariamente compatibles (o convenientes) unificadamente. Por otra parte, la investigación interna de los servicios de seguridad pública debe ser independiente; ello, si no garantiza, al menos supone una mayor eficiencia para detectar delincuencia individual u organizada en las policías. Los peligros son la connivencia, el encubrimiento, y el “perro no come perro”.

Fiscalía sin brazos operativos

Sin policía a sus órdenes, el Ministerio Público vería reducida su autoridad en las investigaciones ministeriales y peritajes, atada de manos operativamente, salvo lo que los fiscales puedan desarrollar desde sus escritorios. Los fiscales del Ministerio Público se concentran en la averiguación de los delitos como peritos en derecho, y litigan los casos ante los tribunales.

Complementariamente, la investigación policial de campo, realizada por policías ministeriales (o judiciales) deberá continuar bajo su control y autoridad, para evitar desviaciones, retrasos y “olvidos” y servir claramente a las necesidades de la fiscalía. Con brazos operativos fuera de su ámbito de autoridad y control, la investigación podría verse atada a intereses creados que afecten su autonomía.

Autonomía y contaminación política

Otro problema en potencia es “que la autoridad que dirija la investigación actúe con estricto apego a la ley, sin consideraciones de carácter político”. Esta posible desviación política seguiría persistiendo en la futura policía unificada, que estaría tan expuesta a la manipulación política como cualquier otro órgano dependiente del Poder Ejecutivo, en el país que sea.

El objetivo que pretendía Vicente Fox con su propuesta, de terminar “con ambigüedades en las funciones, pues cada quien hará lo que sabe y desempeñará la función que le compete”, se alcanzaría mejorando la procuración de Justicia, y con policías especializadas por separado.

 



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